Empieza el día con la española Verbo, el debut en el largo del premiado cortometrajista Eduardo Chapero Jackson. Al terminar la sesión, uno tiene sentimientos algo contradictorios. Supongo que lo fácil, puestos a hacer de crítico y a racionalizar lo que has visto, es cargarse la película y decir que es ambiciosa y totalmente fallida, que el guión es un delirio que se apoya en un cierto sentimentalismo barato y que ciertos personajes resultan básicos, infantiles, sin matices y que caen, incluso del lado del ridículo. Podríamos decir todo esto y no nos faltaría razón. Pero no cro que quedarse sólo con la parte negativa sea justo. Chapero Jackson habla de adolescentes en busca de su propio yo, de su lugar en el mundo, y para hacerlo usa su lenguaje. Grafitis, skates, hip-hop, referencias cinematográficas próximas a ellos como Mátrix y Orígen (aunque yo también veo otras referencias como por ejemplo a películas como La historia interminable) y un batiburrillo de géneros y estéticas (incluso animación) que por lo menos merece el aplauso del atrevimiento en un panorama cinematográfico español tan previsible y anquilosado. Luego, la película, que por su simplicidad emotiva y su riesgo kamikaze se mueve cercana al precipicio, no puede evitar a veces caer en él, pero también consigue crear algunas escenas realmente emotivas. En definitiva, una película que creo gustará a los adolescentes, ya que alguien habla sobre ellos, como ellos, sin tapujos y sin miedo a las represalias y que, al menos, debería interesar al resto. Tras la película un post screening donde a parte de disfrutar de la presencia de Miguel Ángel Silvestre ha podido escuchar opiniones sobre la película, sobre los problemas de la adolescencia o las típicas preguntas freaks como si el Jackson del director lo emparenta con el cantante Michael Jackson. En fin... aquí algunas fotos.
Marina de Van me sorprendió hace un par de años en éste mismo Festival con una película realmente interesante y sugerente, en la que aparecían Mónica Bellucci y Sophie Marceau titulada Ne te retourne pas. Pues bien, por ello creo imprescindible ver Le petit poucet, una versión algo macabra y para adultos del cuento de Pulgarcito. La película, realmente mala, nos cuenta el cuento sin gracia con algo de supuesta provocación que da pena, con una estética de tv-movie de baja calidad, con unas interpretaciones bastante malas y con un guión al que le cuesta avanzar y que provoca un continuo sopor durante la proyección. Marina de Van, la próxima película que hagas, no ha iré a ver si no se me dice lo contrario. Pasemos página.
La tercera película de día es la cinta francesa de animación Les contes de la nuit del director francés Michel Ocelot ( el de Kiriku y la bruja y Azur y Asmar) y que se proyecta en 3D. La película es una auténtica maravilla. Compuesta por seis cuentos infantiles de diferentes lugares del planeta que el director retoca a su gusto, tanto la estética como el contenido son fantásticos. Los cuentos son los de toda la vida: sencillos, de buenas intenciones y con moraleja. Tienen el don de ser pausados y algo repetitivos en su desarrollo remontándose al estilo del absoluto origen de ellos, su tradición oral. La animación es original y hermosa, compuesta de coloridos fondos sobre los que se mueven siluetas negras (los personajes) que recuerdan a las sombras chinas. El contenido de los cuentos y esta especie de sombras chinas dan a la película un encanto arcaico que mezclado con la tecnología 3D la vuelven atemporal. Quizás se hace un pelín larga en su tramo final, pero es una auténtica gozada. Su director presentó la película y luego hizo un post screening en el que habló, entre otras cosas, de que la película se realizó sin saberse si se estrenaría como serie de televisión o en salas de cine y que se rodaron 11 cuentos. Al estrenarse finalmente en cine se usaron la mitad y por tanto espera, que con los restantes, se pueda estrenar una segunda parte. Sería una muy buena noticia.
La cuarta proyección es la comedia japonesa Scabbard Samurai del director Hitoshi Matsumoto (con dos películas de auténtico culto en su haber Dainiponjin y Symbol). Este inclasificable cómico y director de cine, que habitualmente rompe y revienta y reinventa géneros, es aquí algo más tradicional, dentro de lo que cabe. Realiza una comedia que bebe tanto de programas del estilo "Humor amarillo" como del hieratismo de Buster Keaton y que resulta totalmente delirante y surrealista. Con los 20 primeros minutos más divertidos que he visto en mucho, pero que mucho tiempo, la película está luego repleta de magia, gags varios, mucho encanto y algún altibajo. No comparto para nada el final en que Matsumoto cambia el tono del relato, aunque quizás se trate de la última tomadura de pelo hacia el espectador. La historia de un samurai traidor que para salvar su vida dispone de 30 días para hacer reir al hijo del jefe de un clan, que perdió la sonrisa y las ganas de vivir el día que murió su madre, es tierna, ocurrente, como hemos dicho muy surrealista, destornillante a ratos y sin duda original. Puede que no entres en el juego y la odies. Puede que rechine el final. Pero creo que tiene momentos únicos y muy especiales en que bordea la obra maestra. Un enorme descubrimiento.
Termina el día con la proyección de Hanezu, la última película de la directora japonesa Naomi Kawase, una directora muy mística, muy espiritual, que tiene un par de películas que adoro ( Nanayo, sobretodo y Shara). Su última película, pese a ser aceptable, está lejos del nivel de las dos antes citadas. Kawase suele tener argumentos pequeñitos y parte del mérito de sus películas es su misticismo, su espiritualidad, pero mezclada con una carnalidad latente. En este film el argumento es aún más mínimo y la mística y la carnalidad muy de estar por casa. La historia de una mujer y su relación con marido y amante está muy diluída y se apoya en simbolismos demasiado evidentes (canarios enjaulados en un caso, pájaros que anidan en la luz de una cabaña en el otro). Sin embargo, pese a un guión que languidece demasiado, incluso por ser Kawase y que hace perder parte del interés, nos quedan bellas imágenes de la naturaleza y esa sensación de ténue evanescencia que impregna las películas de la directora japonesa consiguiendo trasmitir al espectador un sutil estado de calma. Un aprobado, a la espera de que pronto nos ofrezca algo digno de su capacidad.




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