Ganadora de numerosos premios, la película de Aureaus Solito se enmarca en lo que podríamos llamar un cine filipino gay de autor y que al mismo tiempo coquetea con la comercialidad. El cine filipino está llena de películas en que la temática homosexual es el centro o parte de la trama. Yo he visto varias de ellas, desde la petarda Zsa, Zsa, Zaturnnah a la muy festivalera y arriesgada Serbis o la más comercial Masahista (estas dos últimas de Brillante Mendoza). The blossoming of Máximo Oliveros tiene muchas de las características del cine filipino de festival pero está lejos de la radicalidad de algunas de sus propuestas. Trata la historia de un chico de doce años que vive como una chica (incluso cocina y cose para su familia de hombres tras fallecer su madre) con cierta normalidad. Hay cierta mofa e insultos, pero el chico es más o menos libre y la película no trata para nada el tema de la homosexualidad o el travestismo. A partir de este chico que se siente chica, utiliza las localizaciones reales de las zonas más humildes de filipinas, se adentra en las chabolas y nos muestra la gente real que en ellas habita, para construir alrededor una historia cercana al cine negro, en que el chico se enamora de un policía recién llegado que empezará a investigar la familia del chico, delincuentes de poca monta envueltos de repente en algo serio. Con un ritmo lento típico del cine de autor filipino (aunque algo más ágil de lo habitual) y con la inocencia sentimental propia del cine popular de este país, en ocasiones excesiva, la película es correcta, a ratos entrañable y en otros dura. Cine negro y sentimental con temática gay de un país que lleva años haciendo cine destacable. Una oportunidad de descubrirlo.
