Meek's Cutoff es la mejor película que he visto en el Festival hasta la fecha. Se trata de un western de la directora Kelly Reichardt, autora de dos películas de culto como Old Joy y Wendy y Lucy. Se trata de una película que seguro tendrá fans y detractores. Es un western muy minimalista, con un guión muy pequeñito sobre unas familias en ruta que buscan agua para abastacerse mediante un guía que han contratado, hasta que la aparición de un indio incide en sus próximos movimientos. Sin principio, sin final, sin más guión que el encontrar el agua y la ambiguedad calculada sobre las intenciones del indio y algunas tensiones internas del grupo, la película se me antoja lo más cercano a la vida en el Oeste americano que jamás haya visto. Con una fotografía bellísima, esa falta de guión hace que todo lo que solemos ignorar en el cine (y en la vida) tenga importancia: las nubes, el viento, el canto de los pájaros, el paisaje árido y polvoriento, el chirriar de las ruedas de los carromatos, los rayos del sol colándose entre la naturaleza, la luz de un farolillo de mano en plena noche... La directora lo firma todo con una fisicidad extraordinaria; nos sentimos allí, parte del paisaje, parte de todo. A todo este detallismo pausado, poético, cabe añadir el rostro, los labios, de esa mujer llamada Michelle Williams erigida en bella protagonista, dulce y ruda, miedosa y decidida. En su rostro, en su expresión, está la última lámina de belleza y poesía de una película hermosa e inolvidable.
