Pues ayer terminó la tercera edición del Festival D'A, Festival de cine de autor de Barcelona. Y casi de forma unánime, la edición de este año ha sido considerada extraordinaria. En mi opinión, es la mejor de las tres que hemos podido disfrutar hasta ahora. Yo, enamorado del festival de cine asiático BAFF, festival que desapareció de la ciudad y fue sustituido por el D'A, los anteriores años siempre tenía tiempo para añorar el festival asiático. La verdad es que en esta edición, no lo he pensado hasta este momento de balance. Muy buena señal.
De alguna manera el festival se extiende unos días más en la Filmoteca, con el ciclo que el D'A y la Filmo están dedicando al cine rumano y sin ir más lejos, el próximo jueves esta Occidente de Cristian Mungiu, que espero poder ver.
Como siempre, la compañía en los festivales de blogueros, amigos y cinéfilos es de lo mejor de estas reuniones. Cada vez somos más y hay muy buen ambiente. Y más que seremos. Abrazos a todos ellos. Ha sido un placer hablar con gente que sabe tanto de cine. Y tan agradable.
Y el Festival nos ha cuidado más que en ediciones anteriores. No compartimos ciertas decisiones con respecto a acreditaciones que ellos ya conocen, pero vamos mejorando.
Ah!; y salimos en La Vanguardia un par de veces. Una con un trocito de crítica de Laurence Anyways (mirad el final del artículo), así que genial.
El premio del público lo ganó la cinta catalana Otel.lo. A parte de que seguro la sala la llenaba la gente del ESCAC, de donde procede la película, la verdad es que la cinta es muy recomendable y nada desmerecedora del premio.
El Premio de la crítica al Nuevo Talento ha recaído en la radicalArraianos.
Mi top-10, en vez de mi top-5 habitual en este festival, dado el gran número de películas recomendables que he visto estos días (todas con la crítica en uno de éstos tres últimos posts):
10- La cinquième saison
9- Simon Killer
8- Los ilusos
7- Leones
6- Otel.lo
5- La plaga
4- Like someone in love
3- A última vez que vi Macau
2- Everyday
1- Laurence anyways
Y ya, y de manera más breve de lo habitual durante estos días, la crítica de las cuatro últimas películas vistas estos días.
La plaga es un documental ficcionado con alta carga emocional y notable intención estética. La directora Neus Ballús, bebe del cine de Joaquim Jordà y de José Luis Guerín y se nota la influencia y el buen aprendizaje.
Toma unos personajes de la periferia de la ciudad de Barcelona, todos ellos con algún problema laboral o personal o de salud que los acerca de alguna manera a una cierta marginación y a partir de sus realidades incluye fragmentos ficcionados que crean una leve trama. Podríamos decir que a partir de realidades crea ficciones que se nos antojan posibles y abren campos a los personajes. La realidad siempre puede mutar a ficción así como la ficción a realidad. Los maestros de Neus Ballús le han enseñado perfectamente. Y ella, además, crea situaciones que terminan por resultar emotivas, que flirtean con un leve sensacionalismo que la directora sabe mantener al margen, que buscan la belleza del encuadre. Y además juega con ese calor sofocante, leit motiv y en cierta manera, metáfora de la película, de esa otra plaga. Las vidas de los protagonistas fluyen, se estancan, interseccionan, nos narran sus verdades, nos declaman sus mentiras, sorprenden y marcan. Porque La plaga es cine fronterizo. Y cine de extraradio. Y verdad. Aunque sea mentira. Y merece mucho la pena.
Los ilusos, la segunda película de Jonás Trueba es un algo pedante y artístico trabajo que logró caerme en gracia. Me recordó, más que a la nouvelle vague a la que tanto trata de homenajear y parecerse, al cine de Hong Sang-soo. Y es que Jonás nos habla, a partir de un ejercicio de metacine con director algo confuso, como hace el maestro coreano, de sus rincones de Madrid favoritos, de donde come, de donde bebe, donde compra sus películas, los cine a los que va, nos planta una secuencia de música en directo y se explaya en sus preferencias culturales. Y claro, también tienen cabida algunas hermosas mujeres. Todo ello muy caprichosos, muy fraccionado, sin un hilo argumental convencional, en un hermoso blanco y negro, con desenfoques ególatras, con pasión juvenil.
Está claro que la segunda película de Jonás Trueba es caprichosa, irregular y puede crear rechazo. Pero es pasional. Ama el cine y todo lo que muestra en su film y es sincero y enérgico. Comete errores de juventud, claro, pero que más da. Me encanta la gente así. Que se cree lo que hace. Que lo vive. Con adicciones. Con pasiones. Y es que además, yo, como el pequeño Trueba amo el cine y comer y beber y las mujeres y los rincones de mi ciudad que pocos conocen y la vida. Aunque a veces ésta se empeñe en que sintamos lo contrario. Y es que con Jonás Trueba, como decía aquel, yo me quedo en Madrid.
Sister es una recomendable película franco-suiza, muy en la linea de los hermanos Dardenne (a años luz, quede claro), sobre un pequeño ladronzuelo que vive con su hermana y que debe robar a los ricos practicantes de esquí de una montaña próxima a su casa para luego poder vender el material y ganar un dinero que les permita vivir a ambos. La aparición de un tercer personaje, hará tambalear la relación de los dos personajes principales, golpe de efecto incluido. Demasiado falta de personalidad y de cohesión interna que mantenga la tensión en su nudo, sin embargo la película tiene los méritos de las interpretaciones y de algunas escenas realmente logradas, así como de una eficiente fotografía y algunos maravillosos encuadres.
En definitiva la cuota de cine social, por encima de la media, pero sin la suficiente fuerza como para destacar dentro del nivel de este fantástico festival.
A perdre la raison es un truculento y potente drama belga, sobre la locura y la depresión, que logra encoger el corazón en varios momentos de su narración debido a la dureza de lo que se muestra o lo que se insinúa pero que termina por naufragar en cierta mediocridad debido a la especial dependencia de algunos golpes de efecto y a un tramo central en que parece que a la película le cuesta avanzar. Parte del mérito y de la credibilidad de ese cambio en el carácter de la protagonista, a veces muy creíble y otras algo precipitado o exagerado, lo tiene su fantástica actriz Émillie Dequenne, en un tour de force memorable para un papel muy ingrato.
A perdre la raison es una cinta bien realizada y con méritos suficientes para ser tenida en cuanta, aunque su irregularidad y la antipatía que despierta su visionado juegan en su contra. En cualquier caso, apreciable.











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